PONENCIA CONGRESO MUJERES TRABAJADORAS EN PANAMA, 8 - 9 Y 10 DE MARZO DE 2018

 

En primer lugar, quiero saludar y dar las gracias, tanto a la Federación Sindical Mundial (FSM) como a la Central Sindical de Trabajadores de Panama (CNTOP), por esta importante convocatoria y la organización del Congreso Mundial de Mujeres Trabajadoras de la FSM, donde podremos poner en común, desde una perspectiva de clase, la situación de las mujeres en cada continente, en cada país, para después poder proponer y debatir medidas que nos permitan mejorar nuestras condiciones laborales, sociales y familiares. Para ello sin duda la unidad clasista en la lucha es el único camino.

 

Hoy 8 de marzo se conmemora en todo el mundo el Día de la Mujer Trabajadora (este último concepto eliminado o escondido en demasiadas ocasiones), pero para nosotras no es una celebración, tiene que ser un homenaje a las 129 obreras textiles que murieron en 1857 a manos del patrón y asesino, que prendió fuego a su centro de trabajo con ellas dentro, como respuesta a su petición de un salario igual al de sus compañeros y a la de poner fin a la explotación a la que estaban sometidas.

 

Más de 150 años después, sus peticiones siguen teniendo total vigencia en todo el mundo, de hecho hoy mismo en España, país del que procedo, se está realizando una huelga de 24h, convocada por los sindicatos de clase, entre ellos mi sindicato Alternativa Sindical de Trabajadores (AST) y otros pertenecientes a la FSM, a la que está llamada toda la clase obrera, huelga que incluye las reivindicaciones por las que murieron estas mujeres. Desde aquí envío a España toda mi fuerza y solidaridad.

 

La situación del conjunto de la clase obrera en todos los países europeos es cada vez de mayor explotación (en cada uno de ellos con sus propias características y métodos capitalistas) que se ha incrementado brutalmente aprovechando la crisis, estructural y sistémica del capitalismo, y afecta en mucha mayor medida a las mujeres, que sufrimos superior explotación, desigualdad, discriminación, acoso y violencia patriarcal y machista...

 

En mi ponencia voy a exponer, resumidamente, la situación de las mujeres en la Europa del capital, de la que España es, sin duda, un claro ejemplo.

 

Brecha salarial y de las pensiones,

 

A pesar de la directiva de 2006 de la Unión Europea que promueve (falsamente e hipócritamente, como hacen todas las leyes burguesas) la igualdad de género en el mercado de trabajo, en toda Europa existe una importante brecha, es decir, diferencia salarial entre hombres y mujeres, con casi un 17% de media, aunque en algunos países como España alcanza el 27%, lo que supone que, en relación al mismo trabajo realizado por los hombres, las mujeres trabajamos gratis una media de 70 días al año.

 

 

En Europa, entre las personas sin hijos la tasa de empleo de las mujeres es del 65% y la de los hombres, del 72,5%. Siete puntos y medio de diferencia que crecen cuando se trata de personas que tienen un hijo: las mujeres en esa situación tienen una tasa de empleo del 70,5%, mientras la de los hombres es 14 puntos mayor, del 84,6%.

 

La brecha se agranda aún más si se analiza a las personas con dos hijos: la tasa de empleo de las mujeres pasa entonces a ser del 70,4% y la de los hombres, del 89,2%. Diecinueve puntos de distancia.

 

El 44% de los europeos, según el último euro barómetro, considera (por la educación patriarcal y machista recibida del sistema burgués imperante aun en la actualidad) que el papel principal de las mujeres es cuidar de la casa y la familia y el de los hombres ganar dinero, colocando a las mujeres en un plano inferior, y afianzando así una sociedad patriarcal y machista. Esto se traduce en que no se da un reparto equitativo de las tareas domésticas y de cuidados, provocando así la expulsión del mercado de trabajo de muchas mujeres.

 

Las mujeres (también educadas en el machismo) son las encargadas, en mucha mayor medida que los hombres, de las tareas domésticas y el cuidado de la familia, lo que las obliga a recurrir al trabajo a tiempo parcial, y por tanto a reducir su salario, o a solicitar excedencias, debido a la falta de escuelas infantiles públicas y gratuitas así como centros (también públicos y gratuitos) para mayores y personas dependientes, consecuencia de la reducción del presupuesto para gastos sociales en la mayoría de los estados, agravado en los últimos años con los recortes presupuestarios impuestos para hacer pagar a la clase obrera la crisis del capital.

 

En toda Europa los contratos a tiempo parcial, involuntarios, impuestos, ya que las trabajadoras/es querrían alargar su jornada laboral, alcanzan una media del 30%, aunque hay enormes diferencias entre los distintos países, en muchos de ellos, como Grecia, España, Italia, Portugal, Francia… este porcentaje supera el 50%, llegando en algunos casos hasta más del 70%.

 

Estos contratos proliferan más en aquellos sectores de actividad muy precarizados y con salarios más bajos: Telemarketing, Camareras de Hotel, Enfermería, Empleadas de Hogar, Limpiezas, Cuidados, Servicios…que son ocupados fundamentalmente y casi al 100% por mujeres, muchas de ellas en situaciones de precariedad extrema, migrantes, fundamentalmente de la Europa del Este y de America Latina, a veces sin papeles (es decir sin documentación legal), lo que las hace doblemente vulnerables viéndose obligadas a aceptar lo que el patrón quiera imponerles.

 

Por ejemplo en España los datos estadísticos señalan que casi un 15% de personas tienen unos salarios que no les permiten cubrir las necesidades básicas, es decir, que son trabajadores/as que viven en la pobreza a pesar de trabajar, y de ese porcentaje el 64% son mujeres.

 

Sin embargo los puestos de dirección y los trabajos especializados y mejor pagados, en todos estos sectores, son ocupados por hombres.

 

Otra realidad discriminatoria es que los puestos de trabajo, con categorías profesionales más altas y en los sectores más especializados, son ocupados fundamentalmente por hombres, a pesar de que actualmente y en este segmento de la sociedad el número de mujeres con formación superior es mayor (60%) que el de los hombres. Por otro lado los pluses y horas extras remuneradas son realizadas casi exclusivamente por los hombres, lo que aumenta en buena medida las diferencias salariales.

Además, y a pesar de ser una práctica ilegal, en todos los países europeos sigue existiendo, para un mismo trabajo, una diferencia salarial importante, entre hombres y mujeres y en todos los niveles de formación.

 

Toda esta situación se traduce en que las mujeres ven reducida su vida laboral, sus salarios y por tanto sus cotizaciones provocando una enorme brecha o diferencia de género también en las pensiones, que lejos de disminuir, ha aumentado en los últimos años y en más de la mitad de los paises de la UE.

 

La pensión de las mujeres en Europa es un 40,2% más baja que la de los hombres, Esta diferencia en lo que cobran va desde el 48,8% que sufren en Chipre hasta el 3,7% de Estonia, según los últimos datos recogidos. En el caso de España, esta brecha en materia de pensiones se sitúa en el 37,1%.

 

Según los datos de distintos organismos comunitarios (es decir datos reconocidos por nuestro enemigo de clase) si persiste la situación actual se necesitarían mas de 100 años para terminar con la brecha salarial. La realidad es que mientras persista el sistema capitalista no se acabará con esta situación.

 

Discriminación y violencia machista.

 

En toda Europa, además de la precariedad y la discriminación las mujeres sufrimos la violencia machista, psíquica y física, en el trabajo y en la casa por parte de nuestro entorno familiar. Violencia que va desde el acoso laboral y sexual hasta la muerte, pasando por la trata con fines de explotación sexual... Las mujeres migrantes, o en situación de precariedad, sufren mucho más esta violencia, ya que son el grupo más precario y castigado por esta sociedad capitalista. El capitalismo promueve las migraciones para dividir a la clase obrera y facilitar su capacidad de explotación.

 

Según los datos de la UE más de 40% de las mujeres han sufrido algún tipo de violencia machista en los estados miembros, y esto sin contar que un porcentaje elevado de situaciones de acoso y violencia que no se denuncian, por miedo al agresor, a perder el trabajo, o por falta de confianza en las instituciones y la justicia.

 

En varios países se han promulgado leyes para combatir este problema, sin que hayan sido efectivas en ningún caso, porque al ser leyes burguesas no se atajan de fondo las causas de esta violencia, no se educa en la igualdad.

 

Las religiones, con el aval y muchas veces con el apoyo económico de los Estados y desde la enseñanza, en toda Europa se encargan de mantener y perpetuar una imagen de la mujer subordinada al hombre.

 

En conclusión si la situación de toda la clase obrera en Europa es de explotación y cada vez de mayor pérdida de derechos, con diferencias en la intensidad y las formas en función de cada país, en el caso de las mujeres (demasiadas de ellas sin conciencia subjetiva de esta injusticia provocada por el capitalismo), en un alto porcentaje, la realidad es mucho más penosa, con dobles jornadas laborales diarias, realizando su actividad en situaciones de mayor precariedad y con un menor salario, sufriendo una enorme brecha salarial y en las pensiones, discriminadas por razón de sexo para ocupar puestos de mayor responsabilidad o cualificación en las empresas, e incluso en los requisitos de aceptación para acceder a un puesto de trabajo, sufriendo acoso laboral y sexual y una inaceptable e insoportable violencia machista.

Todo lo anterior no son otra cosa que datos estadísticos, elaborados por el propio sistema capitalista, que no reflejan más que una parte de la realidad, pero que demuestran que es lo mismo en todo el mundo. Por supuesto, también en los países que ellos denominan “desarrollados”, el sistema capitalista (opresor, explotador, machista, xenófobo y perverso) mantiene y fomenta todo tipo de discriminación, como método para obtener ganancias con las que enriquecerse unos pocos. Este sistema es el que, hombres y mujeres de la clase obrera, tenemos la obligación de cambiar.

 

Somos la mayoría de la sociedad, y con perspectiva de ganar, tenemos que luchar, sindical y políticamente, contra este sistema culpable de la situación que tenemos la clase obrera en su conjunto, y las mujeres en mayor medida.

 

Vamos a demostrar que es posible terminar con la explotación, luchar por los derechos, laborales salariales y sociales que nos corresponden y que nos han arrebatado, pero esto solo se logrará con la unidad en la lucha de toda la clase obrera, hombres y mujeres en su conjunto.

 

¡¡¡VIVA LA LUCHA INTERNACIONALISTA DE LAS MUJERES!!!

 

¡¡¡VIVA LA LUCHA DE LA CLASE OBRERA!!!

 

Teresa Rodríguez Celador

Secretaria General de AST

España

 

 

 

 

 

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